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viernes, 16 de enero de 2026

Patricia Bullrich y la expresión actual mas acabada de la colonialidad del poder

 

Si hubiera que buscar ejemplos para contextualizar las más claras afirmaciones de la epistemología colonial actual y desde finales del siglo XIX, sin dudas las manifestaciones más desembozadas están y estuvieron en los referentes de esas minorías que traman y tramaron nuestros destinos; minorías que se conectan desde la acumulación por desposesión —siguiendo el concepto de David Harvey— a través de un sistema de —si se me permite el término— “clanes” familiares.

Prueba de ello lo experimentamos, otra vez y desde hace muchos años, con los incendios que devastan, de manera sistemática, miles de hectáreas en la Patagonia y que han vuelto a ser el escenario de una operación discursiva que ya conocemos demasiado bien.

La ex ministra de (in)Seguridad —mandato de Mauricio Macri (2015-2019); primeros dos años de la presidencia de Javier Milei (2023-2025)— y actual senadora libertaria, Patricia Bullrich, publicó en su cuenta de X acusaciones directas contra la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), a quienes calificó como “terroristas del fuego” y prometió “hacerlos pagar”. Una vez más, el fantasma del “enemigo interno” se activa para justificar políticas de persecución sobre las comunidades mapuche.

Sin embargo, la propia justicia provincial desmintió esa versión. El fiscal general de Chubut, Carlos Díaz Mayer, declaró que no existen pruebas que vinculen a comunidades mapuche con los focos ígneos. La contradicción es evidente, mientras el discurso oficial instala la narrativa del terrorismo indígena, la investigación judicial descarta esa hipótesis.

Sin embargo la weichafe, Moira Millán, en diálogo con Re FM 107.3 aportó un dato inquietante: la justicia “con policías armados” realizó “allanamientos en una comunidad que fue víctima del incendio, se le quemó absolutamente todo…”. La persecución se ejecuta aun sin pruebas, reproduciendo la violencia institucional y el hostigamiento histórico contra los pueblos originarios. La colonialidad del poder se expresa aquí con toda claridad criminalizando a quienes defienden el territorio, mientras se invisibiliza el verdadero conflicto. Otra vez el discurso de Patricia Bullrich tiene un efecto posfactual.

No es casual que la senadora, ahora libertaria, se erija como defensora acérrima de Julio A. Roca, arquitecto del genocidio indígena conocido como “Conquista del Desierto”. Su genealogía política y familiar está directamente vinculada al reparto de tierras saqueadas.

El origen

En la publicación, Historia de la crueldad argentina 1 la investigación da cuenta de que tras la llamada “Conquista del Desierto” las tierras arrebatadas a los pueblos originarios fueron subastadas en Buenos Aires por la firma Adolfo Bullrich y Cía., un establecimiento de bienes raíces que organizaba los remates públicos destinados a familias “distinguidas” y capitales extranjeros.

Adolfo Bullrich, intendente de la Ciudad de Buenos Aires a fines del siglo XIX, fue el encargado de legitimar el saqueo mediante la institucionalización del mercado inmobiliario. La actual ministra Patricia Bullrich es descendiente y heredera directa de esa misma familia, lo que enlaza su defensa acérrima de Julio A. Roca y del genocidio fundacional con el discurso contemporáneo que criminaliza a los pueblos mapuche como “terroristas del fuego”. Acusación que es la actualización de una matriz colonial que desde el siglo XIX legitima el despojo y criminaliza la resistencia indígena en Argentina.

La investigación muestra que las fortunas exorbitantes de las minorías que traman nuestros destinos tienen su origen en la desposesión.

La ley de remate público del 3 de noviembre de 1882 otorgó 5.473.033 de hectáreas a los especuladores. Otra ley, la 1.552 llamada con el irónico nombre de ‘derechos posesorios’, adjudicó 820.305 hectáreas a 150 propietarios. La ley de “premios militares” del 5 de septiembre de 1885, entregó a 541 oficiales superiores del Ejército Argentino 4.679.510 hectáreas en las actuales provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut y Tierra del Fuego. La cereza de la torta llegó en 1887: una ley especial del Congreso de la Nación premió al general Roca con otras 15.000 hectáreas.

La llamada “conquista del desierto” sirvió para que entre 1876 y 1903, es decir, en 27 años, el Estado regalase o vendiese por moneditas 41.787.023 hectáreas a 1.843 terratenientes vinculados estrechamente por lazos económicos y/o familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período. Sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de 6.062.000 hectáreas.

Entre ellos se destacaban 24 familias “patricias” que recibieron parcelas que oscilaban entre las 200.000 hectáreas de los Luro a las 2.500.000 obtenidas por los Martínez de Hoz”. Esto sucedía en los albores de “nuestra” Nación.

¿Quién es Patricia Bullrich Luro Pueyrredón?

Su ancestro Adolfo Bullrich fundó la casa de remates que subastó las tierras arrebatadas tras la “Conquista del Desierto”, en el mismo edificio que hoy ocupa el shopping Patio Bullrich. Por el lado de los Luro, como dice la cita de más arriba, la familia recibió más de 200.000 hectáreas en La Pampa como premio por la campaña militar. De esta manera se iba consolidando la concentración de tierras en manos de la elite.

Por el lado de los Pueyrredón2, la tradición terrateniente se expresa en estancias como La Ydalina, fundada en 1879 por Adolfo Pueyrredón en Los Toldos, sobre tierras vecinas a la comunidad del cacique Coliqueo.

Esta triple herencia — saqueo, regalos, remates “por moneditas”, adjudicación y posesión— enlaza a Patricia Bullrich con la historia de la desposesión/apropiación que se actualiza en su discurso contemporáneo de la criminalización indígena como “usurpadores” en 2017, tal como advertimos en Huella del Sur en el artículo “¿Quiénes son los usurpadores? Fragmentos de un discurso posfactual”, hasta la acusación actual de “terroristas del fuego” contra los mapuche.

La colonialidad del poder se revela aquí como continuidad histórica del genocidio fundacional hasta el hostigamiento y persecución en el presente.

La desposesión como política de Estado

En el escenario actual ­—y no tan actual— el verdadero conflicto no está en las comunidades mapuche, que son los guardianes de la tierra; sino en la extranjerización de la tierra.

El Informe reciente del Observatorio de Tierras (UBA–CONICET) revela que más de 13 millones de hectáreas —el 5% del territorio nacional— están en manos extranjeras, con casos extremos como el departamento Lacar en Neuquén, donde la extranjerización supera el 50%.

La Patagonia, justamente donde se concentran los incendios y las acusaciones, el fenómeno de extranjerización de la tierra alcanza el 23% en zonas de frontera y áreas restringidas, aclara el Informe. No es solo la apropiación vernácula que se construyó históricamente en metodología de acumulación sino la apertura a la apropiación extranjera.

Infografía del Informe: La extranjerización de tierras en nuestro país: un acuciante problema de soberaníaElaboración propia en base a reportes del Registro Nacional de Tierras Rurales (Dirección Nacional del RNTR, Ministerio de Justicia de la Nación Argentina), obtenidos mediante solicitudes de acceso a la información pública (Ley 27.275), expediente EX-2025-94747803. Datos actualizados al 6 de agosto de 2025. 

Se hizo realidad el sueño de Julio Argentino Roca, el perpetrador del genocidio más grande de nuestra historia escribió: “La ola de bárbaros que ha inundado por espacio de siglos las fértiles llanuras ha sido por fin destruida”. Y finalmente informará al Congreso: “El éxito más brillante acaba de coronar esta expedición dejando así libres para siempre del dominio del indio esos vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero3.

La falacia de Bullrich continúa la estrategia política que desplaza la atención. Se culpa a comunidades indígenas de incendios forestales mientras se oculta el desfinanciamiento del Servicio Nacional de Manejo del Fuego y se naturaliza la entrega de tierras a capitales extranjeros4. Se construye un enemigo interno para legitimar el despojo.

Dice el Informe del Observatorio de Tierras: “El patrón es claro: las situaciones más críticas se dan en zonas fronterizas —tanto en el norte como en la cordillera— y en territorios con recursos hídricos, mineros o ventajas logísticas como puertos”.

Otro dato del Informe afirma que: “En cuanto a las nacionalidades de los principales poseedores de tierras, el listado es encabezado por ciudadanos estadounidenses con más de 2,7 millones de hectáreas. Le siguen Italia y España. Solo estas tres nacionalidades concentran la mitad de toda la tierra extranjerizada. Para dimensionarlo: los estadounidenses poseen una superficie mayor que la provincia de Tucumán”.

La colonialidad del poder estigmatiza, criminaliza y desplaza, construye síntesis cruelmente atractivas que retoman conceptualmente la idea sarmientina de civilización /barbarie propuesta como imaginario único de una realidad instituida por esas minorías que deciden la “civilización”; el “progreso” y la “modernización” a sangre y fuego, con el desprecio por el otro que no “pertenece” o no se subordina—a la clase y sus fronteras ideológicas—aplicándole diversos dispositivos de exterminio, persecución, muerte y esclavitud, como a los Pueblos Originarios; desaparición, tortura y muerte como con la dictadura genocida (1976-1983); represión, criminalización y judicialización de la protesta en la actualidad, son procesos históricos, ejemplificadores de lo que es la pedagogía del sometimiento con la que nos “enseña” la colonialidad del poder.

Frente a ello, la tarea decolonial y crítica es desmontar estas narrativas y señalar lo evidente, que los Pueblos Originarios no son los responsables de la devastación ambiental, sino las víctimas de un modelo que combina desposesión, extranjerización y represión para la acumulación del capital que es el único interés de las minorías que traman nuestros destinos siempre obedientes y disciplinados a los intereses imperialistas con los que lejos de confrontar se entregan —nos entregan—, una práctica colonial e histórica de nuestra elite dominante. Hasta que digamos ¡Basta! Y emerja la conciencia colectiva fundada en otros conceptos, porque como advierte Partha Chatterjee5, no basta con cambiar la conversación, es necesario transformar los términos mismos de la conversación, descolonizar las categorías con las que pensamos y abrir paso a una política que nazca desde las memorias, las luchas y las voces de los pueblos que han sido históricamente silenciados.

1Osvaldo Bayer y Diana Lenton (coords.), Historia de la crueldad argentinaJulio A. Roca y el genocidio de los pueblos originarios, Buenos Aires: El Tugurio, 2010.

2 Museo Pueyrredón (San Isidro) y Estancia La Ydalina (Los Toldos, Buenos Aires). Fundada en 1879 por Adolfo Pueyrredón, sobre tierras vecinas a la tribu del cacique Coliqueo. Referencia en: Municipalidad de San Isidro, Museo Pueyrredón; Estancia La Ydalina, historia institucional.

3Tambien en Historia de la crueldad argentina

4El gobierno de Javier Milei aplicó un recorte superior al 70% en términos reales al Servicio Nacional de Manejo del Fuego, afectando brigadistas y bomberos en plena emergencia de incendios. Al mismo tiempo, impulsó una reforma de la Ley de Tierras (26.737) que elimina restricciones a la compra de tierras por extranjeros y habilita la venta incluso de terrenos arrasados por el fuego.

5Partha Chatterjee, politólogo e historiador indio, miembro fundador del Grupo de Estudios Subalternos. Profesor en la Universidad de Columbia y en el Centro de Estudios Sociales de Calcuta, es autor de obras clave como La política de los gobernados y La nación en tiempo heterogéneo, donde desarrolla una crítica a las categorías coloniales de la política moderna.

Imagen de portada: La Verdad-Facebook

Publicado en Huella del Sur 15-1-2026

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