La caja de resonancia de la prensa corporativa
En la cobertura del Coloquio de IDEA, los principales medios de comunicación nacionales y provinciales volvieron a exhibir un automatismo preocupante. Una simple correa de transmisión del discurso empresarial. Portales como Infobae, El Litoral, El Diario de La Pampa y Mar del Plata Web replicaron de manera casi idéntica la gacetilla del evento, asumiendo su marco teórico, sus metáforas y sus diagnósticos sin opinión ni cuestionamiento pedagógico.
Bajo el rótulo de “debate educativo”, lo que tuvo lugar en el escenario de IDEA fue la consolidación de la pedagogía del management. La prensa legitimó de forma unánime que un grupo de CEOS, directores de fundaciones privadas y académicos de universidades de élite hablen en nombre de toda la “sociedad” y definan el rumbo de la escuela pública.
El problema central de este abordaje mediático no es solo lo que publica, sino lo que omite deliberadamente. Naturaliza el discurso corporativo y reproduce el campo semántico —donde los niños, niñas y adolescentes son “talento”, la escuela una “cadena de suministros” y el aprendizaje una “métrica”—, los medios difunden esa intervenciones y ocultan la raíz del problema; la devastación socioeconómica que sufre la infancia en Argentina.
A continuación, desglosamos las principales frases pronunciadas en el panel referido a educación para analizar qué hay detrás de cada consigna, qué se calló y cómo las propias estadísticas expuestas terminan volviéndose, de manera paradójica, contra quienes las enuncian.
Mariano Narodowski, afirmó que “el stock de talento se terminó hoy“. Una frase que muestra desembozadamente la deshumanización del sujeto pedagógico.
El diagnóstico de la academia de élite estuvo a cargo de Mariano Narodowski (profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y exministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires), quien concentró su exposición en dos conceptos vertebrales: la falta de “stock de talento” y la “pobreza de aprendizaje”.
La afirmación apela a un pánico de tinte extractivista, advirtiendo al empresariado que la matriz productiva ya no cuenta con “materia prima” calificada para sostener la competitividad económica.
Concebir a las infancias y adolescencias —usamos el plural porque sabemos que esos tránsitos son muy desiguales desde lo socioeconómico— bajo la noción de “stock” es una definición ontológica, que tampoco debe sorprendernos en tanto sabemos que el mensaje de la reforma —OCDE y Banco Mundial mediante— es medir y formar en la performatividad económica el perfil de lxs estudiantes.
En la pedagogía del management, la persona deja de ser un sujeto de derechos, de pensamiento o de ciudadanía para convertirse en un mero insumo o commodity de la cadena de valor corporativa. La preocupación central de esta mirada no es la vulneración del derecho a la cultura o a la educación de las niñeces y adolescencias, sino el desabastecimiento de futura mano de obra para el mercado.
Narodowski habla del agotamiento del “stock” como si fuera un fenómeno meteorológico o un imprevisto del destino, omitiendo que las recetas pedagógicas que desplazaron los contenidos disciplinares por “competencias adaptativas” —promovidas durante tres décadas por los espacios que él integra— son las directas responsables de la pérdida de solidez en la formación general entre otros vectores. Y entonces aparece otra categoría para reforzar el campo semántico reformista, y señalaron que la “pobreza de aprendizaje” es del 59%. Se utilizó el indicador para marcar que casi seis de cada diez chicos de 10 años no comprenden un texto simple, equiparando los indicadores argentinos con los de países de menores recursos como Marruecos o El Salvador.
La categoría de “pobreza de aprendizaje” (learning poverty) fue creada por el Banco Mundial en 2019 dentro de su marco de “capital humano”. Su función discursiva es desmaterializar la pobreza real. Genera un significante técnico que permite hablar de privación e incapacidad (para los aprendizajes) en la infancia sin nombrar el hambre, la desnutrición, la falta de vivienda o la precariedad laboral de sus familias.
Este enfoque de la “pobreza” únicamente como un déficit de decodificación lectora, desvincula el rendimiento escolar de las condiciones de existencia. Se exige que el cerebro de un niño funcione como un procesador de datos perfecto en un entorno donde más del 55 % de la cohorte infantil vive en la miseria material. La “pobreza de aprendizaje” desplaza la responsabilidad de las políticas sociales y económicas de los distintos estratos gubernamentales hacia las familias, la escuela y lxs docentes.
La trampa de las comparaciones y el filantrocapitalismo “light”
Pero las exposiciones continuaron y Ricardo Torres, directivo de la fundación Argentinos por la Educación y Ceo de Pampa Energía reconoció una comparación más que interesante para nuestro análisis y dijo que “la educación del tercio más rico de Argentina equivale a la del tercio más pobre de España”
La frase fue utilizada como el “plato fuerte” efectista mostrando la profundidad del colapso del sistema educativo incluso en las capas sociales más favorecidas, esto es, en su propia clase.
Sin embargo, Torres compara dos universos distintos; el tercio más vulnerable de España cuenta con un piso de protección social, salud, nutrición e infraestructura escolar que no asegura la Argentina. Como se vio antes, la pobreza infantil en Argentina afecta a más del 55% de la cohorte, mientras que la pobreza severa en España es cualitativa y cuantitativamente distinta.
Si los alumnos del 25 % más rico de Argentina (que asisten a escuelas privadas de cuota alta, con dobles escolaridades, instalaciones de punta y sectores sociales con necesidades básicas resueltas) rinden al mismo nivel que los estudiantes vulnerables de la educación pública española, quienes están fracasando de forma estruendosa son los propios modelos educativos privados que este empresariado financia y consume.
Torres y la fundación que integra promueven la privatización de la gestión, la competencia de mercado y el modelo de voucherización como sinónimo de mejora educativa. Sin embargo, su propio dato demuestra que pagar una cuota cara en un contexto de deterioro sistémico y vaciamiento curricular no garantiza “excelencia” académica internacional.
Tomando como punto de partida las afirmaciones del Ceo empresarial, los resultados de sus escuelas de élite desmienten la premisa llevada adelante por los reformadores, en cuanto que el mercado soluciona la educación.
Por otra parte, Verónica Cipriota directora de la ong Enseña por Argentina —subsidiaria de Teach for All— habló de “estructurar la excelencia” y la sustitución de la inversión real. Apeló a frases hechas del mundo emprendedor sobre la necesidad de “sistematizar”, “escalar” y “estructurar la excelencia” para no depender del esfuerzo individual de los docentes.
Enseña por Argentina es la filial local de Teach for All —creada por Teach for America— una red internacional financiada por corporaciones globales y multilaterales cuya propuesta pedagógica consiste en enviar a jóvenes profesionales recién graduados (no docentes) a dar clases por dos años en escuelas vulnerables, tras un entrenamiento intensivo de pocas semanas. Lo importante es que esos “docentes” entran a trabajar por un convenio directo sin concursar y son pagados con los dineros públicos.
El docente como “voluntario/líder”. No hay plata para salarios dignos, infraestructura adecuada, pero sí para que el “filantrocapitalismo” proponga sus “líderes de cambio” temporales.
Hablar de “estructurar la excelencia” desde un panel empresarial dirigido a un público empresarial permite omitir la discusión sobre la desinversión presupuestaria. Se vende la ilusión de que con metodologías ágiles, tableros de gestión y mística de startup se pueden suplir los problemas edilicios, la falta de comedores escolares y los salarios docentes bajo la línea de pobreza.
La captura del Estado y la trampa del bucle infinito
Luciana Paoletti, representante de IDEA y José Goity, ministro de Educación de Santa Fe plantearon la subordinación de la política pública a las “6 prioridades”.
Se presentaron seis puntos de acción —alfabetización básica, trazabilidad de datos, autonomía escolar, incentivos por desempeño, flexibilidad curricular e IA— como el marco de “consenso” necesario para transformar la educación, validados por la presencia del ministro santafesino.
Justamente, la presencia del ministro de Santa Fe en ese coloquio grafica la inversión de la soberanía educativa; el Estado que no convoca a las comunidades escolares, gremios, universidades públicas ni pedagogos para definir la política educativa; acude al simposio de los CEOS a recibir la agenda prediseñada por los think tanks empresariales.
El fetichismo los llevó a que cinco de los seis puntos propuestos estén orientados a la evaluación, la trazabilidad de datos y la “eficiencia de gestión”. Por supuesto que no están hablando de educación El interés ceocrático (si se me permite el término) es por instalar sistemas de monitoreo y tableros de control.
Y para reforzar el campo semántico bajo el eufemismo de “autonomía escolar” —concepto que aparece también en el proyecto de ley de la educación libertaria— se promueve la descentralización y la competencia entre escuelas. Nada de esto es novedoso porque estas propuestas ya se encontraban en el “proyecto de escuelas autónomas” del grupo Sophia (financiado por la entonces fundación del Banco de Boston) en los primeros años de la década del 90 del siglo pasado.
En la práctica, esto profundiza, aún más la fragmentación. Las escuelas de contextos favorecidos consiguen financiamiento privado y mejores recursos, mientras que las de barrios populares sufren el abandono estatal bajo la excusa de “gestionar su propia autonomía”.
La paradoja de un coloquio sin ideas
El Coloquio de IDEA dejó al descubierto la contradicción estructural de la pedagogía del management: los mismos sectores, fundaciones y organismos multilaterales que impulsaron el vaciamiento del sistema educativo son los que hoy se indignan ante los resultados que ellos mismos provocaron.
Durante las últimas tres décadas, el recetario internacional del Banco Mundial y la OCDE promovió el reemplazo de los saberes disciplinares profundos por “competencias adaptativas” y “habilidades blandas”; la degradación de la formación docente en los profesorados, desplazando la densidad temática en favor de técnicas didácticas y la reducción de la escuela a un centro de contención o a una capacitadora de mano de obra barata para el mercado flexibilizado.
Hoy, cuando la depreciación de los contenidos y la destrucción del tejido socioeconómico muestran su cara más dramática en las pruebas estandarizadas, estos mismos actores no revisan sus premisas. En lugar de reconocer que su modelo fracasó, reempaquetan el diagnóstico bajo nuevos conceptos importados —como la “pobreza de aprendizaje”— y exigen una dosis más alta de la misma medicina. Más evaluación cuantitativa, más precarización del trabajo docente, mayor injerencia de ONGs corporativas y una subordinación aún más explícita de la infancia al mercado.
Continúan los intentos de profundización de la gobernanza privada de lo público. Frente al reduccionismo que trata a nuestros niños como un “stock de talento” y al conocimiento como una mercancía, se vuelve urgente recuperar la pedagogía crítica, para entender que no hay comprensión lectora posible en estómagos vacíos, y que la función de la escuela no es adiestrar recursos humanos para las empresas, sino formar en el desarrollo de la inteligencia de lxs estudiantes y la capacidad para transformar la realidad como función social colectiva.
Frente a esta “cruzada” de la élite para continuar profundizando la endoprivatización del sistema educativo con la complicidad del funcionariato político que delega hasta el “pensamiento” en la intelligentsia de la elite y su paradigma de la privatización; que es apropiarse de lo público, gobernarlo, moldearlo bajo el manto ideológico que desarrollan sus propios intereses, pero solventar los gastos con los dineros estatales.
Frente a este panorama en resuelto avance en la total sintonía con el gobierno nacional en cuanto a su propia “visión libertaria” plasmada en el proyecto de ley de Libertad educativa, se hace urgente la convocatoria docente a un Congreso Pedagógico que permita dar cuenta del desguace reformista y fije los puntos para un debate y confrontación con el management educativo. Teniendo como punto de partida la renacionalización del sistema como premisa básica y el gobierno de la educación a cargo de un Consejo Federal que se organice desde abajo, desde las bases docentes. Una verdadera transformación que reivindique la educación común, pública, gratuita, científica para asegurar el derecho al desarrollo de la inteligencia y a la promoción de valores que aseguren la emancipación y la acción colectiva.
Antes que la instrucción estandarizada de las tecnologías del aprendizaje y de la gestión escolar sustituya y aniquile al pensamiento y la pedagogía críticos. Alguna vez escribí: no es la reforma educativa, es el robo del siglo.
Imagen de portada: LA17
Publicada en Huella del Sur 7-10-2026

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